En el futuro que nos espera, en esta misma galaxia…
6:45 h. Has escuchado voces y te despiertas sobresaltado mientras tu perro está sentado al lado de la cama y te mira fijamente. Fuiste uno de los primeros en apostar por la idea y apoyarla vía crowdfunding, así que tu compañero lleva puesto el “No more woof!” y te urge, en tu propio lenguaje humano, a que te encargues de sus necesidades básicas antes de que tengas que lamentarlo.
6:58 h. Te duchas y te vistes rápido para sacarlo a dar una vuelta. Vas un poco tarde y no tienes tiempo de recoger los resultados de su paseo matutino, así que sacas una foto con tu móvil y la envías con Pooper junto a su geolocalización para solicitar que algún recolector, también llamado scooper, se encargue de hacer desaparecer las pruebas del delito.
7:30 h. Desayunas algo ligero y te desplazas hasta la oficina. Antes de entrar en el edificio te aseguras de que tu pareja, que ha salido detrás de ti, no te está siendo infiel. Para ello cuentas con ese gran aliado tecnológico: ¡el dron!
10:30 h. Recibes una llamada telefónica: es tu perro que llama desde el Fidophone para avisarte de que hay un extraño en la cocina de tu casa. Activas la cámara del horno y te tranquilizas al observar que se trata del “inquilino” de tu lavadora compartida, al que le habías permitido ir hoy a realizar su colada.
11:00 h. Primera parada “fisiológica”: tienes diez minutos para la micción colectiva. A modo de “recreo”, como se hace en el cole o en los descansos de las sesiones de formación, en el futuro que nos espera la empresa ha impuesto esta nueva norma para mejorar la productividad. Desgraciadamente a veces no llegas a tiempo porque las colas son más largas que las que se forman en doña Manolita.
Cuando te quieres dar cuenta estás en el “reservado”, revisando de nuevo con tu móvil y la cámara del dron qué es lo que está haciendo tu pareja. Es entonces cuando la sorprendes paseando y charlando de forma muy animada con un acompañante un tanto… especial. Haces un poco de zoom y el corazón vuelve a sus pulsaciones normales: sólo se trata de su asistente robot.
Llevas tanto tiempo leyendo la “Guía del pesimista de Bloomberg” que únicamente eres capaz de pensar en todo lo negativo que puede ocurrir.
13:00 h. Segunda parada técnica en el futuro que nos espera: de nuevo dispones de diez minutos.
13:45 h. Hora de comer. Hoy tienes lomo de cerdo con alga quelpo fría, gelatina y crujientes de jamón, seguido de panceta con fideos de té frío y pastelitos de solomillo y ventresca al vapor. Has hecho un pedido a domicilio a la sucursal del restaurante Nihonryori RyuGin que el chef Seiji Yamamoto ha abierto en tu ciudad. Desde que el cerdo ibérico y el “Proyecto Joselito” conquistaron Oriente, la gastronomía asiática no ha vuelto a ser la misma.
14:30 h. Es la hora de la power nap. Poco después de que el experto en sueño James Maas, de la Universidad de Cornell, publicara su libro “Sleep for Success”, la empresa instaló “siestarios” y comenzó una intensa cruzada para que los empleados realizasen quince o veinte minutos de siesta para hacer más productiva el resto de la jornada. No hace falta decir que algunos compañeros aprovechan este descanso para resolver aquello que no pudieron a las 13:00 h…
17:00 h. Por fin llega el momento de ir a clase de Bikram o de silenting. Necesitas desconectar un poco antes de ir de “tardeo” (el salir por las noches ha dejado de estar de moda) con los compañeros de trabajo y esas nuevas amistades que conociste gracias a la app Plenty (Plenty Of Fish).
Parece mentira que lleves trabajando desde las 8:30 h. El tiempo ha pasado extrañamente deprisa. Sospechas que durante la siesta alguien ha podido manipular las neuronas que miden tu noción del tiempo. Recapacitas, lo consideras improbable, pero… ¿y si es que sí?
22:00 h. Durante el tardeo, en uno de esos arranques de baile desenfrenado, te has provocado una pequeña contractura en el cuello. Mañana tendrás que pedir cita con el fisio, para que te haga ese estupendo tratamiento a base de jamón.
23:30 h. Llegas a casa. Antes de abrir la puerta sabes que tu pareja ya está dentro por el profundo aroma a hachís que su perfume, Black Afgano, ha dejado en la entrada. Saludas y te duchas. Antes de acostarte, echas un vistazo a los parámetros diarios del Smarttress, ese fantástico colchón antiinfidelidades, cien por cien español, que adquiriste por Internet, para comprobar que, efectivamente, tus dudas eran fundadas: el uso que se ha hecho de él durante el día revela que tu pareja te ha sido infiel. Y deduces algo aún peor: ¡ha hackeado tu dron!
Podrías sugerirle que recapacitara y buscara la ayuda espiritual de guardia más próxima con The Catholic app.
¿Os parece factible o rocambolesca esta historia del futuro que nos espera? A veces, cada vez más, la ficción y la realidad se confunden con tanta facilidad que cosas que suena a mentira podrían ser realidad y viceversa. ¿Has sido capaz de detectar las bromas, si es que las hay, sin necesidad de pulsar en los enlaces?
Imagen: Risolnav

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